La enfermedad de Parkinson y la investigación sobre la eficacia del yoga


La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurológico progresivo que se caracteriza por temblores, rigidez o movimiento lento, aunque los síntomas pueden variar mucho en los pacientes. Los síntomas pueden comenzar en un lado del cuerpo y empeorar en ese lado, incluso cuando los síntomas son bilaterales. Los factores de riesgo para la enfermedad incluyen la exposición a ciertas toxinas ambientales, la vejez y tener un familiar con EP. De hecho, los investigadores han identificado mutaciones genéticas específicas que causan la EP, pero son infrecuentes, excepto en los casos raros de miembros de la familia afectados por la enfermedad. Los hombres tienen 1.5 veces más probabilidades de tener EP que las mujeres. En la EP, ciertas neuronas en el cerebro se descomponen o mueren gradualmente y muchos síntomas se deben a la pérdida de esas neuronas, que son responsables de la producción de un mensajero químico llamado dopamina. Grupos de sustancias microscópicas dentro de las células cerebrales llamadas cuerpos de Lewy también son un marcador importante de la enfermedad. El tratamiento con farmacoterapia convencional es sintomático y aumenta o sustituye a la dopamina. Aunque los medicamentos ayudan a los pacientes a manejar sus problemas con el movimiento y controlan los temblores, la eficacia de los medicamentos disminuye con el tiempo, y los efectos secundarios incluyen alucinaciones, hinchazón, dificultad para orinar y conductas compulsivas.

Dado que actualmente no existe una terapia farmacológica comprobada que pueda modificar o detener la progresión de la EP, el ejercicio físico puede ser un complemento viable para controlar la disminución inherente de la enfermedad. La evidencia reciente sugiere que los pacientes con EP que hacen ejercicio pueden experimentar beneficios motores tales como movilidad, equilibrio y velocidad de marcha mejorados, así como mejoras no motoras en el estado de ánimo, el sueño, la cognición y la calidad de vida. Otras terapias complementarias, como el masaje, la acupuntura, la estimulación cerebral profunda, la terapia génica y los tratamientos a base de hierbas pueden ofrecer beneficios motores y no motores similares y aliviar algunos efectos secundarios inducidos por medicamentos.  El yoga y la meditación se encuentran entre las modalidades más utilizadas. En particular, la eficacia percibida de la meditación es sorprendente, ya que el 85 por ciento de los pacientes considera que esta práctica es útil para reducir los síntomas de estrés, temblor, tensión muscular, ansiedad y mejorar la claridad de pensamiento. Dado que el yoga combina la meditación y los beneficios físicos del ejercicio y la regulación de la respiración, puede ser un tratamiento complementario efectivo para la EP, que al menos es tan efectivo como la meditación sola.

por Nikhil Ramburn y Sat Bir Singh Khalsa, Ph.D

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