Raíces

En toda postura hay al menos una parte del cuerpo que está tocando el suelo. Esta parte sería la raíz de la postura, donde el peso del cuerpo se equilibra con respecto a la gravedad. Cuando usamos Mula Bandha para alinear correctamente la pelvis y la columna con respecto a la raíz, podemos crear una línea de enraizamiento, una conexión muscular y energética entre nuestro punto umbilical y la fuerza de gravedad.

Esta conexión nos estabiliza y nos proporciona una base sólida sobre la cual construir. La posición de la pelvis puede determinarse por la posición de dos huesos en la pelvis llamados “ísquiones”, localizados debajo de la carne de los glúteos.

Poniéndote de Pie

Contrae el punto umbilical para rotar la pelvis, deja caer los omóplatos para que el pecho suba y jala el mentón hacia dentro. Tus piernas rotan hacia dentro para juntar tus pies de manera que los bordes internos de los pies se toquen. Levanta tu pecho y aleja los hombros de las orejas. Pon tus brazos a los costados del cuerpo con las palmas mirando hacia delante. Te encuentras enraizado a través de los ísquiones bajando por cada pierna hacia tus pies. Te encuentras en equilibrio y estabilidad. Tu marco interno está conectado a la tierra.

La pelvis es la base sobre la cual se asienta el corazón, permitiendo que el corazón sostenga la cabeza. Ten tu centro en el ombligo, ten el corazón abierto y la cabeza vacía. Idealmente, el corazón manda, el ombligo organiza la alineación del cuerpo y la cabeza, libre de la charla inútil, se enfoca en la respiración y el Mantra

Sentándote:

El truco para estas posturas sentadas es mantener la pelvis rotada. Así tu espalda baja no se hunde. Abre los glúteos entre si. Los músculos isquiotibiales ligan tus ísquiones a la parte posterior de tus rodillas.

Haciéndote Amigo de la Gravedad: La Recompensa de la Línea de Enraizamiento.

La Tercera Ley de Movimiento de Newton señala que por cada acción hay una reacción opuesta y equivalente. El empuje descendente de la gravedad es equilibrado por la fuerza ascendente equivalente y opuesta de la fuerza de rebote.

Esto puede ser de gran provecho en la práctica del yoga. Una vez que estamos enraizados, tenemos la estabilidad que nos permite dirigir esta fuerza de rebote hacia las áreas que queremos estirar o levantar. Cuando usamos esta fuerza con habilidad, se le otorga al cuerpo una liviandad casi mágica. En vez de pelear con la gravedad para mantener nuestras posturas, podemos conectarnos con el poder de la gravedad y ésta nos ayudará.

De esta manera nos hacemos amigos de la gravedad

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